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Contexto. Todo comenzó hace más o menos un mes, cuando por sorpresa Diego, mi esposo, llega a casa con la noticia de que el Miércoles 11 de Marzo nos íbamos a Disney (Orlando, Estados Unidos) por dos semanas.

¡Vacaciones! Los cuatro en familia, nos iríamos dos semanas a conocer la nueva tierra de Star Wars en Disney, ya que Diego es fanático de la saga, y mis hijos, Federico y Nicolás, por transitiva también.

Itinerario. El plan era estar los primeros dos días en Miami, para luego completar el viaje en Orlando.

¡Nos vamos! El miércoles 12 ya se percibía más cerca el Covid-19 en América. Entonces compramos alcohol en gel y tapabocas por si acaso. Nos fuimos tranquilos, sin inconvenientes; sin imaginar que al otro día el panorama iba a cambiar rotundamente.

Explotó todo. Durante la primera cena de nuestras tan ansiadas vacaciones, veo a Diego con el celular y empiezo a notar que su cara de felicidad se iba transformando a una cara de preocupación y desconcierto. Comienzan a sonar los celulares sin parar, llegaban un sinfín de mensajes desde Montevideo de familiares y amigos con la noticia de que Disney había comunicado que el próximo Domingo cerraba los parques… que iban a cerrar fronteras y muchos mensajes trágicos más. El pensamiento general era que si Disney cerraba significaba que la cosa era mucho más seria y compleja de lo que nos imaginábamos.

En ese momento, en medio de la cena, comenzó lo que serían cuatro horas de locura, nerviosismo e incertidumbre… ¿Qué hacíamos? ¿Uruguay cerraba las fronteras y nosotros nos quedábamos varados en Miami? ¿Íbamos a estar bien? ¿Los nenes iban a estar bien? ¿Adelantábamos los pasajes? ¿Nos íbamos a Orlando el sábado? ¿Qué pasaba con las entradas de Disney (es mucho dinero)? ¿Nos van a cancelar la reserva del hotel de Orlando? Y muchas más dudas, incertidumbres y consultas que afloraban, mientras en paralelo no dejaban de llegar mensajes de preocupación desde Uruguay.

Por lo pronto, en lo personal, trate de respirar profundo y estar tranquila (aunque era imposible) para transmitirle a Fede y Nico que todo iba a estar bien. Corría con la ventaja de que mi celular lo tenía en modo avión y lo conectaba a internet por cortos períodos, para no contaminarme con todo lo que llegaba de Whastapp y redes en general. Como siempre digo, las redes maximizan todo para bien o para mal, y este claramente era el segundo caso.

Mientras Diego hacia algunas llamadas, yo me contacté con la Cónsul de Uruguay en Miami, Alicia Perrone, quien me atendió con mucha calidez y amabilidad, brindándome tranquilidad y explicaciones coherentes.

Esa noche no pudimos resolver mucho dada la hora; ya serían las doce de la noche cuando decidimos intentar descansar un poco. A la mañana siguiente, un poco más tranquilos, las cosas empezaron a aclararse, cancelamos la reserva del hotel de Orlando, compramos pasajes para volvernos el Domingo (tres días después de haber llegado) vía Bogotá, y otras cosas que no vienen al caso.

Dado todo esto, e intentando llevar tranquilidad a nuestros familiares y amigos en Montevideo, y a nuestros hijos decidimos disfrutar y pasear por Miami los dos días que nos quedaban. De hecho, eso fue lo que hicimos.

Cabe aclarar que en ningún momento en Miami, en esos días, sentimos la locura que se transmitía desde Uruguay. Allá estaba todo normal, se notaban más cuidados como el uso de guantes y alcohol en gel, cada tanto se veía alguna persona con tapabocas pero como algo excepcional.

Emprendiendo la vuelta. Ya el domingo en el aeropuerto, esperando para embarcar nos llega mensaje que Colombia cerraba fronteras… otro susto, este por lo menos iba a durar poco tiempo…

Otra vez decidí llamar a la Cónsul, que con su amabilidad nuevamente me transmitió tranquilidad. Luego pudimos confirmar con la aerolínea la normalidad de nuestros vuelos, y a través de un tweet del Presidente de Colombia, Iván Duque, notificaba que el cierre de fronteras era a partir del Lunes 16 por lo que para nuestra tranquilidad no nos afectaba.

Por suerte embarcamos sin problemas, y el retorno a casa fue perfecto, en tiempo y forma.

Ya en casa. Al aterrizar fumigaron el avión, y al bajar completamos un formulario por cada integrante de la familia con la procedencia y síntomas. Nos dieron un folleto con las recomendaciones a seguir.

Por suerte, los cuatro ya estamos en casa, en perfecto estado de salud y haciendo una cuarentena voluntaria y preventiva por 15 días, que ya teníamos previsto hacer antes de irnos.

Al otro día de regresar, la cuarentena pasó a ser de carácter obligatoria ya que el Gobierno decretó a Estados Unidos como país de riesgo.

Los días siguientes la situación en Estados Unidos empezó a ser cada vez mas compleja y trágica.

Ahora, mientras escribo estas líneas, seguimos en el medio de la tormenta a nivel mundial por el Coronavirus Covid-19, con la incertidumbre de cuándo y cómo termina, y con la convicción de que entre todos podremos salir adelante de esta nefasta situación que estamos atravesando.

Virginia Paternostro.

Montevideo, Marzo de 2020.