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Estoy en la terraza de mi apartamento. Da la calle Vidal. El sol pega de frente, suena Tom Waits. No es por presumir, pero tengo lindo gusto musical. No voy a decir que es el peor lugar del mundo para trabajar, pero falta algo. Es bastante posible que sea lo mismo que te esté faltando ahora que lees del blog de JAF. Está faltando alguien con quien compartir, aunque más no sea el espacio, el silencio. Algunos deben estar extrañando la luz artificial antes que la luz del sol, otros el trayecto de casa al trabajo escuchando música. Sea como sea, lo que nos queda es trabajar de manera remota. ¿Por el virus? En parte y aquí está la clave.


La comunicación a distancia es uno de los temas del momento. Sin embargo, lejos de ser un fenómeno ligado 100% al coronavirus, lo que tenemos en el virus es el catalizador de una modalidad que venía ganando terreno tanto en lo conocido como “home office” o incluso dentro de las empresas. Resumo: esto vino para quedarse. Sí, claro que volveremos a nuestros trabajos porque extrañamos a nuestros compañeros (incluso a los que creíamos que nunca íbamos a extrañar) y también porque nada puede reemplazar a una buena conversación cara a cara. La energía no se replica por Zoom.


Es por eso que hoy se trata de preparase para manejar las herramientas remotas con tanta humanidad como nos sea posible. Aquí van tres consejos sin grandes explicaciones (no las necesitan) para que la distancia no fracture la conexión.

Mira el lente. No, no mires a la pantalla donde está la imagen de tu interlocutor. Si lo haces, lo único que él/ella verá es que miras hacia abajo. Mira al lente de la webcam que así se hace contacto ocular.


Ten un fondo que te humanice, pero no demasiado. Tener al fondo algunos objetos nos humaniza y logra que la persona que nos ve, además, adquiera una perspectiva de tamaño. Es decir, ve tu cara en comparación, por ejemplo, a un par de libros. Eso sí, no te pases de estímulos o perderás su atención.

Haz preguntas locas. Por ejemplo, puedes tener, en tu charla, un slide que pregunte “¿cuál es el animal con la presión arterial más alta?” (esa uso yo, no copiar). Esa trivia pondrá a todos a adivinar respuestas y, por ende, hará que reconecten con la conversación. Si alguien no tiene un animal favorito, puede que no esté prestando mucha atención, en ese caso puedes preguntarle que piensa y recapturarlo.

Suena Dave Matthews Band, el sol está divino para abril y el animal es la jirafa.

¡Sigamos hablando!

Daniel Ríos
www.daniel-rios.com